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domingo, 26 de diciembre de 2010

ETERNA SERENATA NOCTURNA




He soñado esta noche contigo. En mis sueños, como en un trance, te he visto posando para mí. He dibujado tu rostro con una única línea continua. Las cuencas de tus ojos las he llenado con blanco de plomo. Resaltan el brillo de tu cernada mirada. Con un pincel he delimitado cada uno de tus cabellos. Parecía que los estuviera meciendo lentamente. No conseguía concentrarme. Quería retratar mi amor en el iceberg que culmina tu pequeña nariz. Estás tan quieta y tan pensativa, que solo pienso en comprender el color de tus secretos.

***

Me acecha, como una espumosa marea, el ciego temor a que se acerque el cruel momento de terminar tu retrato. Es un vértigo furibundo, que me despoja de mi talento y me hace enojar cuál niño enrabietado. Porque, desde hace días, quiero ser como Penélope y borrar las manchas de óleo que forman tu hermoso cuerpo. Sería tan sencillo pedirte que no crecieras, que nada perturbara la candidez de tu sonrisa, que ninguna sombra ensuciara tu inmaculada piel.

(Imagen: Man Ray)

miércoles, 14 de julio de 2010

TÚ ERES EL PÁNICO, YO SOY LA VARA


Vivimos tocados por el hada del tormento. Hoy desearía que hubieras muerto. Definitivamente.

***

Preferiría recordar cómo eran aquellos atardeceres en la terraza de nuestros padres, cuando juntos reíamos divertidos o hablábamos exaltados sobre lo fútil en el arte y acerca de la escasa lógica de las gentes que nos rodeaban. Quiero acordarme de aquella fantasiosa noche en la que tuvimos que dormir acurrucados porque nos asustábamos con el ruido de las ramas, fustigadas por el viento. O cuando con apenas unos años de vida jugábamos en la arena y disfrutabas destruyendo mis castillos de princesas y sapos. ¡Hay tanto de tí en mí!

***

Quisiera comenzar de cero, redimir el daño que mi espíritu rígido pudo causarte. Me gustaría ahondar en tu consciencia y extraer el mineral de tu odio. Porque intento convencerme que otra persona habita en tí, que cuando me ves y me llamas puta, quieres decirme que me quieres aún más. Eres mi único hermano y hoy, ya ves, desearía que hubieras muerto. Porque estamos extenuados y la ansiedad nos está consumiendo. Mamá ha desarrollado un sentido maravilloso de la paciencia, nos anima, nos alimenta y nos acaricia de noche. Papá se marchó cabizbajo el domingo pasado, entre líneas me dijo que te diera un beso de parte de él, tu padre. Yo estoy mustia. Escribo a un público desconocido mis más profundas agonías porque carezco del valor para poner en venta mis pesadillas.

(Imagen: Juan Manuel Castro Prieto)

lunes, 28 de junio de 2010

EL ÁNGEL HERIDO (VII)


Pongo en mi diario una fecha larga, larga, larga. Me quedo con los ojos fijos en ella, como si sintiera que detrás existe un jeroglífico. Ahora he decidido apartar la vista y mirar por la ventana. Pero en esta habitación no hay ventanas, sólo una lejana puerta de cristales sucios que no me molestaré en limpiar. Se cumplen once meses del accidente. Tantos días como llamadas, tantos días como pastillas para dormir. Me doy cuenta de la gravedad y del absurdo del problema. ¿Pero cómo le ha podido pasar a él? Once meses sin manos, once meses sin piernas, once meses sin sentir hambre, once meses sin respirar aire limpio.


Nos recomiendan que lo alejemos del Hospital, hay algo de razón en esa debilidad profunda que genera la neurastenia. Posiblemente un entorno menos hostil, rodeado de sus amigos, de su familia, con reformas para estrenar y comida casera le ayuden a recuperarse de la melancolía. Pero posiblemente, tengamos que enfrentarnos a su rechazo diario, a sus miedos al ser observado como un ser deforme de voz chillona, que usa un aparotoso aparato para caminar. Un hombre que ha perdido su vida y al que le han dado a cambio una vida harapienta, que no puede ni alimentarse solo, que no puede escribir, ni esculpir. Pensamos darle felicidad a través de la amistad, del cariño, del amor pero ¿de qué le sirven si no puede abrazarme, si no sabe cómo me llamo, si teme no controlar la saliva que vierte por su boca, si no hace otra cosa que recordar quién fue?

(Imagen: Ansel Adams)

lunes, 10 de mayo de 2010

Y LOS NIÑOS TE AMABAN


La lluvia tendían mantas cristalinas a mis pies y el viento arrastraba una espesa nube de hojas. Cuando la primavera sigue los susurros del otoño, crece mi tristeza. En el taciturno Hospital, apocado, me espera mi hermano. Entro sigilosa en su habitación que, desde el martes, comparte con la soledad como único testigo. Me mira y tapa su cabeza con una almohada. Sigue sin querer saber nada de mí. Esta vez no me insulta, así que me atrevo a acercarme un poco más. Ya estoy casi a su flanco.

Una enfermera: ¿Quién es esta chica?

Él: No lo sé. Nunca la he visto.

Una enfermera: ¿Quién lo diría? Compartís la misma mirada. ¿Acaso será tu hermana?

Él: Ella no es lo es. Mi hermana tiene ojos de luna, ella es una cualquiera. Dile que se vaya.

Cecilia: Es una pena irme así, sin más. Con toda la información que te traigo del pueblo. Pensé que estarías interesado.

Él: Te puedes quedar siempre que respetes mis normas: no me mires, no me toques, no me beses, ni acaricies. No soporto tu tacto y me repele tu olor.

Cecilia: Bueno, traigo muchas novedades. ¿Recuerdas a L., hermano de A.?

Él: Sí.

Cecilia: Ha tenido un bebé.

Él: Imposible. Apenas tiene un año menos que yo.

Cecilia: Te lo prometo, ¿sabes lo mejor? Su hermana lo rechaza. Se avergüenza de su sobrina. La hará parecer más mundana, de una clase social menos acomodada.

Él: Increíble, ¿puede haber algo más importante que un niño?

Cecilia: Prométeme una cosa: serás el padrino de mi hijo y nunca te avergonzarás de él. Tendrás que cuidarlo y quererlo y aguantar sus niñerías.

Él: Me duele que hables así. Será el niño quien tenga que aceptar como único tío, a un ser en estas condiciones: tetraplético, con voz de grillo y completa falta de ideas.

Cecilia: No digas tonterías, los niños te adoran... Hablando de críos, no es ésa la hija de C. Llámala. Seguro que viene a saludarnos

(Emite un grito hiriente que llama la atención de una pareja que pasaban por el pasillo. Una niña vestida con un traje color manzana, se acerca. Lo mira y permanece petrificada algunos instantes. Él le tiende la mano)

Él: Mira pequeña, ella es mi hermana. ¿Me das la mano?

(Sus torpes manos hastiadas parecían ganchos de puerto. La niña teme ante esa visión y da un paso para atrás)

Cecilia: No temas. Él es un ángel. Sólo está herido. Ya verás, en breve aprenderá a volar y si no puede mover sus piernas, le coseremos dos alas en su costado.
(La niña sonríe y se va gritando "mami, mami, pronto volará...")

(Imagen: Justine Kurland)

viernes, 7 de mayo de 2010

REFORMAS EN CASA (II)



La casa puede ser el espacio metafórico de la familia o puede convertirse en la colmena desde donde salen displicentes cada miembro del enjambre. Pero la casa puede transformarse en sede de desgracias, en templo donde ir a sepultar a tus más cercanos, donde llevar exvotos o acudir en peregrinación. La casa es lugar de recogidas, de salidas y de entradas.

Aún brotan en mi cabeza pensamientos encontrados. Puede ser que actúe como emisaria de una catástrofe, ¿es que nadie ve que su odio va en aumento? Parece ser que soy la única que teme el momento de volver a casa. "Cambiará...", nos dicen. "¡Ja!" -exgrimo-, es que aún no lo conocen... La repulsa acumulada crecerá sin medidas, a veces fingirá su repulsa por pura necesidad pero en el fondo urde un plan de escape.

Pobre... ése es mi último lamento. Si no es él quien habla. Ayer se cayó de la silla. Viví el momento retransmitido en directo mientras hablaba con una de las enfermas, amiga del Instituto. De pronto, como en las radios antiguas se cortó la emisora y me quedé asustada y sin respuestas. ¿Se habría hecho daño? ¿Se podría haber roto un hueso? De haber sido tal, estaríamos hablando de meses perdidos de rehabilitación. De mala fortuna.

No podía evitar mi preocupación, por ello: llamaba y llamaba y llamaba. Una de las veces, mi madre respondió bronca al teléfono: "Cecilia, deja de llamar. No puedo atender su curiosidad". Debieron de dolerme esas palabras porque desplacé mi preocupación al bando de las rabietas. "Esta mujer no cambiará. No controla sus palabras..."

Pasé varios minutos absorta en divagaciones hasta que, de nuevo, sonó el teléfono. Tenía que ser ella; sabía que sería ella. Sólo quería tranquilizarme; advertirme que nada había ocurrido. Al final no es perfecta pero es una mujer natural. Pongo en ella los cimientos para que construya un nuevo hogar y decore con sus cortinas verbales cada ventana de nuestra casa.

(Imágenes: Cildo Meireles)

jueves, 6 de mayo de 2010

REFORMAS EN CASA (I)


La reforma de la casa será uno de los grandes cambios a acometer en los próximos meses. Hasta que no se produzca una mejora real en su cuerpo y en su mente o bien, sepa regular con capacidad su minusvalía, mi hermano volverá a casa de nuestros padres. Nos ha avisado que no es su deseo tener que verlos a diario, que ni pensemos que él nos hará el honor de aceptar vivir con nosotros. Dice que se va a Francia.

Hay un punto de desenfoque en esto de adaptar la casa a las nuevas circunstancias. Siempre supimos que algún días mis padres envejecerían y habría que modificar sus lugares. Que quizás habrían tenido que disponer su habitación en la parte baja, poner una barandilla a la escalera y eliminar algún obstáculo. Pues bien, ahora se trata de un cambio radical: abrir puertas, tirar paredes, cortar escalones, afanar el jardín.

Me da miedo imaginarlo todo el día en casa. Antes del accidente, sus fines de semana era una fiesta permanente. Venía de trabajar el viernes en las primeras horas de la tarde, dejaba una bolsa de basura con ropa sucia dentro, besaba a mis padres y se marchaba con los amigos. Iba y venía sin rumbo fijo, con horarios dilatados por la diversión y el desenfreno. Volvía a su ciudad de trabajo el lunes, con la maleta impoluta y la moral de mi madre minada.



(Imagen: Rachel Khedoori)


viernes, 30 de abril de 2010

LA TERAPIA DE LA RISA


Este episodio ocurrió uno de los días que mi hermano pasó en la UCI. La ley, hecha a partir de la costumbre, dictaba que de las dos veces que podíamos entrar a verlo, mi madre pasaba en ambas y mi padre y yo nos turnábamos la mañana o la tarde. Muchos días, la mayoría quizás, los amigos esperaban sentados a largo del profundo túnel que conducía hasta la incubadora. Cuando salía el primero, caminaban miedosos hasta recibir noticias. Nunca pronunciaban la primera palabra. Me sentía una suerte de Mercurio: medía mis impresiones, sujetaba las emociones. Todos me miraban sin parpadear, conteniendo con el diafragma la respiración. Sus gestos al recibir la noticia eran discretos y las frases de consuelo se repetían día tras día.

Hacía algunas semanas que habíamos prometido que uno de ellos, su alma gemela de fiestas, el que le devolvió la vida, debía entrar a verlo. El estado de mi hermano era de escasa consciencia porque empezaban a bajarle la sedación. Entró conmigo. Él me agarraba aferrándose a mi experiencia en esa situación. Yo percibía íntimamente su miedo y por ello, intentaba sonreír para calmar su ansiedad.

Llegamos a su habitación. Sentí como notó que su amigo M. había entrado y de repente, aquel ser de rictus incorruptibles, de expresiones perdidas en el infinito, dio rienda a una comunicación con su amigo. Haría falta un experto en hermenéutica para descifrar aquellos mensajes sin sonidos, aquel baile sin movimiento.

M. me miraba acongojado por la dureza de la imagen que se abría ante sus ojos. De dónde sacó fuerzas lo ignoro pues comenzó un diálogo como antes: de ésos que sólo dos buenos amigos mantienen. Y entre frases disfrazadas de jocosas distracciones, mi hermano giró su cara, miró a su amigo y sonrió.


(Imagen: Terry Richardson)




miércoles, 28 de abril de 2010

LA BREVEDAD DE LO BUENO


El peso del malestar confiere una dimensión drástica a tus días porque los inutilizan e incapacitan a toda actividad. El peso de la tristeza se posa en tus hombros como escamas cutáneas que el viento no desplaza. El momento de mayor espanto llega por la noche, cuando en la soledad de tus sábanas te aferras a ensueños dramáticos y la presión en tu pecho lucha con el sistema simpático para que no entres en estado de letargo. Si lo consigues, puede que de pronto una cruel imagen te mire fijamente y te susurre entre titubeos: "no tienes derecho a entrar en el jardín de los sueños; no pasarás el umbral de la vigilia".

Porque de día, los sueños parecen ridículos. Porque de noche, la realidad se difumina. Porque de día, la vida supera en dureza a los instantes de miedo nocturno. Porque de noche, las pesadillas te acobardan.

Los días más trágicos vividos con el accidente dormía profundamente, sin soñar, el cansancio físico imponía su ley. Mis padres han dormido durante un mes en unas butacas de Hospital. Estar cerca de su hijo era su único consuelo. Ella iba cada mañana a recitar sus oraciones en la puerta de la UCI. Olía, con su olfato materno, si el día se despertaba torcido. Cada grado que aumentaba la fiebre, lo sentía en su pecho.

***

Transcurridos dos meses del accidente, mis sueños eran farmacológicos.


(Imágenes: Belén Usdin)

domingo, 25 de abril de 2010

DE LO SACRO


El segundo día en el Hospital empezó de forma dramática. Encontré a mi padre deambulando a la entrada del edificio, fumaba como inhalando un humo mortal que le consumía las esperanzas. No tengo capacidad emotiva para imaginar la desolación y la extrema angustia que invadían su alma. En aquel estado, sobraba mi dichosa pregunta: "papá, ¿mi hermano qué tal está?" Sólo a una persona débil como yo, que disimula su miedo y aparenta serenidad se le ocurre formular semejante interrogación.

Levanté la cabeza en un intento de buscar su mirada y descubrí unos ojos ensangrentados por torrentes de nervios colapsados por la inmensa pena. Él, hombre de lejanas ensoñaciones, tenía que ver morir a su hijo, al que siempre tuvo como alocado heredero. Al que siempre aconsejaba a gritos debido a la rudeza de ambas personalidades. Él, hombre de esperanzas, no podía articular una sola palabra y desviaba su mirada con el propósito de no tropezar con la mía.

Tras pasar el umbral del Hospital, me reuní con mi madre. Al menos de forma nominal, ella era mi madre. Desesperada, marchita, cubierta por una espesa capa de amargas lágrimas se agarraba al brazo de su hermana mayor y rezaban a un ritmo frenético. Desconocía las malas noticias con las que empezaba el día. Su hijo no mostraba signos de vida. Se debía cumplir el destino. Pero no, no lo podía permitir. Rezaba, imploraba, se santiguaba por los pasillos como intentando impedir la entraba de los ángeles que vendría a recoger su cuerpo sin vida.

En aquel momento, olvidé mi ateísmo y no contuve el deseo de rezar. Me daba cuenta que formaba parte de un proceso de ecolalia: repetir hasta aliviar, repetir hasta asumir, repetir hasta olvidar. De repente salió un médico, con su túnica blanca, su cara iluminada por haces de luz, sus manos trenzadas y dijo: "tenemos signos de vida. Necesitamos que pase un familiar". En aquellas fatídicas circunstancias, ninguna de nosotras podíamos ser el adalid que condujera a mi hermano hacia la vida.

A la salida de la incubadora que lo mantenía, mi padre sonrió. Estaba, al menos, vivo. Bien es cierto que era una vida de adrenalina artificial, de barbitúricos y otros anabolizantes. Al cabo de unas horas entramos a su cubículo. Estaba tendido, hinchando por el agua que penetró en su cuerpo, abría sus ojos negros y movía sus pupilas hasta encontrar el imán materno. Le imploramos que luchara, que no se rindiera, que estábamos con él, que nunca lo abandonaríamos.

(Imagen: Rosso Fiorentino)

sábado, 24 de abril de 2010

DIRECCIÓN: TANATORIO



Unos instantes después de recibir la fatal noticia, tomamos un tren con destino al corazón de la tragedia. En nuestra huida hacia la estación, corríamos cuales átomos luchando contra la resistencia y el rozamiento. En un momento sentí que mi zapato se había roto y me impedía conseguir llegar hasta la línea de meta formada por los separadores del control de acceso a la zona de embarque. Descalza, con aspecto enfermizo, debí ser tomada por una demente.

El paisaje que invadía mis ojos apenas se materializaba en la retina. Descompuesto en una gama cromática violácea y azulada, sus destellos me arañaban como afiladas cuchillas. Cuando llegábamos a algún pueblo con estación, el tren descendía su velocidad, recobrando el paisaje su esencia de formas, masas y perspectivas. Mi mirada, absorta en demoledoras pesadillas, sólo captaba mensajes de muerte: TANATORIO SUR MADRID; FUNERARIA HERMANOS GÁLVEZ.

Llegamos al Hospital. Éramos grises, éramos blandos, éramos imperceptibles. Sentada en la parte trasera del coche, veía las indicaciones. Eran carteles donde aparecían señas para dirigirse a Urgencias, al Aparcamiento, al menos eso creo porque yo sólo miré en una dirección: la del Tanatorio.

(Imágenes: William Eggleston)



viernes, 23 de abril de 2010

RISAS DE PERRO RABIOSO


La mañana del accidente dormía desnuda envuelta por una asfixiante membrana de calor. A las 8:00 de la mañana sonó la maldita alarma de un teléfono perdido entre los cojines de la sala. Me levanté resabiada, dispuesta a golpear como una cavernícola el pertubante objeto de mi desvelo. Volví al sueño, incrédula de mi desgracia, pensando en el placer que provocan los últimos tres minutos de reposo. A las 8:02, vibró mi vida. Como un látigo punzante, mi padre esgrimió: "tu hermano ha tenido un accidente, está muy grave."

Maldita mi suerte, maldita mi cólera, maldita la risa frenética y descompasada que me inducía un ritmo pendular. Como enferma de muerte, veía caer el peso de mi cuerpo sobre la cama. Lamía mi piel, queriendo disolver el sabor agraz de la lengua; seca por dentro, con el alma fraccionada, reía de miedo. Siempre fue así, ¿verdad? ¿Recuerdas cuando te molestaba hasta desatar tu ira y en el instante en que puño se alzaba sobre mi cara, no podía parar de reír? ¿O recuerdas cuando maltrecha por algún infortunio comenzaba ese hilarante ruidito que tanto te enfurecía?

(Imagen: Juan Muñoz)


viernes, 16 de abril de 2010

SOY UNA VERDAD QUE DICE SIEMPRE MENTIRAS


El elogio a la Verdad viene de manos de la Mentira. Ésta, fanfarrona, le protesta: "tú siempre tan pulcra", la Verdad -harta de burlas- se manifiesta: "yo soy la única, tú llegaste después".

Así es. Esta semana estamos muy contentos. Felices suena mentira pero es la verdad. Una implosión de vitaminas que nos alza el ánimo. En las últimas semanas, se levanta de la cama, asiste a sus terapias. Según los días, muestra cierto cariño a mi madre; según los días, muestra cierto pesar. Su depresión es profunda aunque no crónica.

Ha conseguido controlar lo suficiente el movimiento de sus manos para poder mover la silla por sí mismo. Desprovisto de las fuerzas que tres semanas de cama se encargaron de robarle, mueve acompasado su único medio motriz. Me cuentan que cuando ve a otros pacientes aún en la silla eléctrica, les grita con su voz chillona: "¿Pero qué haces en esa silla?, ¡Coge la otra, valiente!"

La medicación está cumpliendo su labor. Cierto es que las pastillas contra la tristeza y la inhibición actúan como los funcionarios vagos: de cara a la galería. Le hacen sonreír cuando la pena lo invade. Sin embargo, trabaja, colabora, está receptivo, quiere progresar, salir del agujero.


(Imagen: Cartier Bresson)

jueves, 15 de abril de 2010

ACCESO AL TEMPLO


Acceder al Olimpo tiene precio. El valor estimado se calcula sumando la paciencia de aquéllos que te apoyan, más el tiempo consumido en llamadas de aprecio, menos las ocasiones en las que mandaste a la mierda al pesado de turno que te hacía preguntas hirientes e intolerantes: "¿está de moda saltar a la piscina municipal?, ¿caminará?, ¿pero respira?"


(Imagen: Claire Morgan)

miércoles, 14 de abril de 2010

EL CONSUETO CLAMOR DE LA PEREZA



Acostumbrada a decir poco con muchas palabras, me entrego a la síntesis; L. siempre me perseguía con esta cita: "la sencillez es una estación de destino, nunca de salida".

***
En mi imaginación se destilan sueños con secuencias de un amor imposible; acurruco instantes preciosos de una vida que no me pertenece. Será que de tanto temer a la realidad, mi único consuelo eres tú. Compartimos el hilo de una comunicación íntima, con tiernas e ingeniosas intenciones. Mírame y sabré cómo de profundos son tus deseos.

***
Viviendo a expensas del hospital, nunca llegan noticias extraordinarias. Desde hace dos semanas esperamos la admisión en un centro de lesiones cerebrales adquiridas. Ya en la entrevista previa que mantuvimos con la responsable del paciente, nos alertaron de la franca imposibilidad de entrada. Cuenta la historia del hombre que en estos casos toda influencia nunca es suficiente.

***
Hoy contestó el centro de lesiones cerebrales. Su respuesta: hacer un reconocimiento físico y psíquico a mi hermano, lejos que cualquier informe. Hemos respirado aliviados. Al menos no han descartado el caso por la dificultad que entraña. En estos momentos, sueño con ser una neuróloga, activista de la imposibilidad, que levante su mano en el consejo de expertos y diga: "yo lo curaré".

***
Dije que sería clara. Mentí.

(Imagen: Helen Levitt)


martes, 13 de abril de 2010

SUAVE, SUAVE CASI IMPERCEPTIBLE


El buen amigo es como un velo. Una fina capa de tejido vaporoso que cubre tu pelo para que no te salpique la lluvia. Un tamiz que filtra las impurezas. Una membrana que te protege de los golpes. La duramadre que te vigila suave, suave casi imperceptible.

Cuando los veía sentados en los pasillos del Hospital durante el mes de dura reclusión y hastío vacacional que nos impuso involuntariamente el accidente, pensaba si mis propios amigos se formarían en fila india hasta esperar cualquier noticia de mi mejora. ¿Serían tantos como en la fila de un autobús para Siberia o tantos como una procesión de Semana Santa? ¿Sacrificarían su descanso y diversión por horas de menú sin sal y cigarrillos a 40 grados?

(Imagen Harold Edgerton)

lunes, 12 de abril de 2010

DE LA CAUSALIDAD


Unos pocos días antes del accidente de mi hermano, tomó su coche y condujo para hacer algunas compras. De prestado -pues el poco dinero que apenas llenaba su monedero lo había recibido adeudado- llegó al pueblo. En la calle donde había crecido, aparcó. Subió a ver a sus padres. Tras unos momentos de paternal cortesía, tomó de nuevo su coche. Lo arrancó. Con qué mortal tiento que al retroceder unos metros, atropelló a un chico minusválido montado sobre su silla de ruedas.

Los nervios en el estómago por el mal causado se sumaban a la visión de una persona impedida, temblando convulsamente. Imaginen el miedo. Ahora añádanle la inestabilidad que podría surgir de la carencia de un seguro vial. No hubo que temer a consecuencias mayores porque mi hermano, en el último acto de honestidad, cedió los derechos de su coche. ¡Ay de la gente que se declara justa y se esconde ante el miedo al ridículo! ¡Ay de la gente que mueve montañas lejanas y rechaza los granos de arena que se depositan entre sus dedos!

(Imagen: Alex Webb)

jueves, 8 de abril de 2010

NO QUIERO VIVIR PORQUE LO VOY A OLVIDAR


La memoria y la vida se funden sin ningún algoritmo. A impulsos violentos o inmutables, seleccionan impunemente los episodios a recordar. Lo que olvidas parece que nunca lo viviste. Poco importa cómo abriste la carta esta mañana o tomaste tu café porque no lo vas a recordar. De ser una persona sofisticada aceptaría las virtudes de no almacenar momentos intrascendentes, rutinarios y reservar archivos para instantes delicados: un primer beso, el olor de su pelo, tus últimos gritos.

Mi hermano no recuerda cómo fue la primera que hizo el amor, a qué olía su coche tras una noche con los amigos, cómo era el tacto de su piel desnuda, cómo dolía un arañazo. Ha olvidado cómo era un orgasmo, a qué olía su semen. Ha olvidado a Velázquez, a Murillo, a Miguel Ángel. Y aún habrá quién se pregunte porqué me odia.

(Imagen: Lawrence Weiner)

lunes, 5 de abril de 2010

PALABRAS DE VINAGRE


Escribir sobre el malestar mientras se sufre es tarea fácil: los ciéntificos empeñados han descubierto que todo apunta a que la dactilografía más controvertida sea un producto de los impulsos del corazón, que golpean a los dedos para que batan contra las teclas y propicien poemas desgarrados.

Me puedo quejar de los insultos, de las ofensas con las que un demonio llamado depresión derriba la cordura de mi hermano. Me puedo quejar y expresar con claridad sobre lo que sentí al ser regada con su saliva, mientras me miraba con rabia y reía ante mis lágrimas. Los científicos aún no han descubierto la pócima para engullir sin atropello los sentimientos propios y disfrazarlos de palabras cordiales, palabras de vinagre.

(Imagen: Rodney Graham)

miércoles, 31 de marzo de 2010

CON LAS ALAS CORTADAS (I)

En los próximos días se decidirá el futuro de la rehabilitación de mi hermano. Su lesión cerebral le impide ningún progreso de movilidad; tememos que nos conceden el alta y a casa. La única opción plausible pasa por dos centros de tratamiento especializado en lesiones cerebrales. Desgraciadamente o están colapsados, saturados, anegados o son inalcanzables para nuestra economía.

Se han caído varias plumas al mantel, ¿le habrán cortado las alas?

(Imagen: Lothar Baumgarten)

martes, 23 de marzo de 2010

EL ÁNGEL HERIDO (VI)


Me retuerzo como una víbora segregando ácidos en mi estómago; entre efluvios y ásperos latigazos lamento no haber ido al Hospital. Para qué, he repetido durante estos días si, agresivo y malicioso, golpea nuestras consciencias con despectivas palabras: puta, hija de puta, te odio, eres un cabrón. Para qué, sigo pensando. Para aliviar del peso a mis maltratados padres, para tomar mi porción de cólera, para sucumbir a su juego de provocación.

Nos hallamos en un túnel sin salida: tras meses sin tomar su medicación, su cerebro responde a voces al caos interno. Mientras, pasa los días acostado, sin rehabilitación posible. Sin medicación, no hay posibilidad de avance y sin avance, a casa. No quiero imaginar la situación de unos padres indefensos, acobardados e inexpertos ante semejante panorama: una casa sin adaptar, un pueblo sin prevenir, falta de profesionales y lo más cruento: gritos, insultos, burlas, golpes de una persona fuera de sí.

Tú no eres mi madre.

Tú no eres mi hijo.

(Vanessa Beecroft, White Madonna with twins)