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sábado, 10 de diciembre de 2011

LA MANZANA DE LA DESDICHA


Bosteza el dios del tiempo con espíritu caníbal: quiere morder la manzana, agarrarla con el aliento vaporoso y después huir por llanos desabrigados hacia donde nadie le vea.

***

Los días bajan cansados y rinden cuentas al olvido. ¿Qué has hecho, dónde has ido, con quién has estado? Quedan inertes las respuestas, y después, solo después de que existas pensarán que nada llevas contigo. Que lo que fue tuyo lo dejaste marchitar, que no miras por dónde pasas, que eres tú su verdadero dueño.
***

El ánimo contaminado en el regazo daña a las larvas de la pasión. Me maleas para que divierta a los ingratos y huyan los poseídos por la heroína. Ésa soy yo, inútil y apacible. Una piedra tirada en el estanque, que se hunde pero grita, que no es invisible. Locuaz e impulsiva. Quiero ser tuya, ya, sin esperar las horas sentadas.

(Imagen: William Klein)

sábado, 9 de abril de 2011

SUEÑOS DE ALGODÓN


Anochece y siento miedo. Los relojes de arena nada saben de la luz. Pienso en la oscuridad y lamento que no seas la almohada del tiempo donde posar mi decapitados sueños. Quiero renacer cada día a tu vera y suspirar mis despertares entre algodones, franelas o tules. Podrías besar mi cuello cada mañana, respirando el vaho de perennes amaneceres. Te deseo presente y corpóreo, no un simple retazo de luna llena que vacía mis noches de vigilia y desvelo. En las verbenas del amor, vendrán a bendecirnos los sacerdotes salios. Yo morderé el nudo de tu garganta, dolida por gritar mudo mi nombre.

(Imagen: Brassai)

domingo, 13 de febrero de 2011

HABANERA EN HIATO


I

Tengo una brújula invisible, imantada con polvo de cristal
para navegar allá donde la estrella ilumina el alba.
Los días bisiestos desnudo mi corazón con esencia de trementina
que borra las huellas de un desahucio primitivo.

Dormida, coso las lenguas milenarias que labran
el celo de mis pensamientos solitarios.
Soy esclava de cadenas fingidas, etéreos instantes
de almíbar y canela molida.

II

Me voy fugando sin notas asonantes
en la melodía que tus dedos, encerados y brillantes,
dictan de memoria a las teclas criselefantinas
de un divorciado pianoforte.

Tus hinchadas manos son ensayos de quimeras
que no han conocido jamás el tiempo.
Viejo lobo de mar que muerde de noche
a Caperucita entre olas oxigenadas.


(Imagen: Imogen Cunningham)







viernes, 11 de febrero de 2011

HUELGA DE MUSAS


Para Gema

Cuando el arte es para ciegos, los sordos tañen la lira. Eres música del silencio entre acordes de marfil y sueños de letras perdidas. Te siento a mi izquierda y escucho el ritmo de tu sonrisa, que sopla la melodía de los dioses olímpicos.

(Imagen: Erwin Elliot)

viernes, 28 de enero de 2011

SIESTAS DE ÁGATA Y MUSELINA


Me protegías con la cáscara de una nuez. Todos decían que era seca y arañaba mi piel pero tú te convenciste de que era posible vivir en aquella drupa diminuta. Tomábamos el té escondidos por los bolsillos en la falda de la montaña. Recuerdo que te servías todo el azúcar. ¡Qué desconsiderado eras con una pobre chica de pies zambos! Me gustaba limpiarte la punta de la nariz con el lazo de mi camisa. ¡Qué risa me da solo de pensarlo! De noche, oías pasos correteando por tus sienes. Entonces te preguntaba: "¿qué número de calzado usa tu perseguidor?" Me decías qué decía demasiadas tonterías.

***

Un día alquilaste un pequeño coche antiguo, de ésos que se exhiben en los museos. Te ceñiste una práctica escafandra pero no conseguía ver tus ojos. Después me enfadé con pose testaruda de actriz de cine mudo. Cálidamente, el aire soplaba entre las hojas de los árboles. Pisaste algún charco y el lodo salpicó mi vestido de organza.


(Imagen: Jacques Henry Lartigue)

jueves, 13 de enero de 2011

FEMME FATALE


Mórbido espíritu que se contonea por los cafés de la tercera avenida. Tropieza y pliega su melena. Ahora la veo cómo mira hacia abajo, con un gesto entre núbil y provocativo, recoge una a una las manzanas derramadas de su cesta. Las lame. Quisiera morder la barbilla del hombre que la desea en los silencios de bancos de madera y misales. Un retablo salomónico sus piernas, potentes y doradas, talladas con afiladas gubias. Para ella, hasta la respiración ha de expeler maniera y grazia. Pronto pasarán los días del azafrán. Y el otoño la observará asomada al profundo pozo que se ciega en catacumbas paleocristianas, donde los mártires manosearán sus finas hieles. Mientras, tú orarás quedas frases bíblicas, condenado por la eternidad del deseo.

(Imagen: Ferdinando Scianna)

miércoles, 12 de enero de 2011

CUALQUIERA PUEDE SER FELIZ


Cualquiera puede ser feliz si se rocía con el polvo de las musarañas. Si por la mañana se detiene en un jardín con berzas moradas e imagina que sus gotas de agua son brillantes de mercurio.

***

Cualquiera puede ser feliz si logra insuflarte cariño a escondidas y escribirte de memoria que la vida y el olvido son la misma cosa. Poder ser nave, gaviota, cruceta, ola, espuma, faro. Un nacarado tempo fingido que hunde carabelas.

***

Creer verte sentado y de pie.

(Imagen: Joan Colom)

miércoles, 22 de diciembre de 2010

EN UN CEMENTERIO DE BICICLETAS


No puedo pensar cuando me duele cabeza. Últimamente, el dolor es continuo, incisivo y agravado por el peso del alcohol. Desde que se él marchó, salgo a diario y regreso a casa como una gata solitaria y mojada. Anoche me encontré a un hombre ciego que paseaba con su perro. Pensé que haciendo una buena acción, me acostaría satisfecha. Mientras lo acompañaba a su casa me sentía triunfante, no paraba de hablar y hablar contando una y otra mentira sobre mí, mi vida, mi trabajo, mis anhelos. Tras un tiempo de intenso monólogo, comprendí que el invidente me temía: claramente, su mano trepidaba en mi antebrazo. Sería efecto del bamboleo noctámbulo con el que lo guiaba, unido, tal vez, a la percepción de una voz aguardentosa y bronca que emitía constantes y evidentes mentiras. Mentiras para ciegos.


De regreso a la cama, tuve un sueño daliano, de ésos en los que escuchas grillos y chicharras y sonidos de tenedores punzantes. Después me ví paseando por un cementerio de bicicletas. Era ciertamente hermoso, repleto de manillares y radios radiantes.

(Imagen: Eugène Atget)

martes, 21 de diciembre de 2010

DESPIERTA INOCENCIA



Hay en mí dos realidades que resplandecen desnudas: una, la verdadera, es una mujer indiscreta, deslenguada, vulgar y mentirosa que no consigue controlar las relaciones con los demás y huye. Esta persona, que odia hablar por teléfono, cuando va a una fiesta busca ser el foco de atención, siempre persigue gustar y agradar y de veras no comprende cómo le van las cosas tan mal cuando ella sólo es quién los demás quieren que sea.

La otra careta tiene los ojos mirando hacia el suelo, es alguien muy tímido e inseguro que quisiera permanecer todo el día en silencio, dormir hasta tarde y no tener nunca visitas. En su imaginación se comporta como una buena amiga, permanece siempre en un segundo plano y también concentra el objetivo de todas las miradas por su carácter taciturno y melancólico.

(Imágenes: Berenice Abbott y Lillian Bassman)

martes, 14 de diciembre de 2010

LA CORDURA, LAS HORMONAS, EL ARTE


Fui una adolescente desafectada. De ésas, cuyo cuerpo deforme no lo perfuma el aroma del deseo. Inocentemente, bajo la sombra del vello en la sonrisa, soñaba con ser una lolita. Recuerdo cómo me embriagaba observar a otras chicas, más formadas, más voluptuosas, vestidas de forma sugerente. Pronto entendí mi gusto por lo bello. Era una vinculación estética, desapasionada. Presumo que, de algún modo, se fue gestando ahí la vocación por el arte. Y confieso sin prejuicios que éstos fueron los inicios; otros evocarán a las musas, a la entelequia o a la misantropía. Yo quería ser bella, tan bella como la más bella.

No podía ser de otra forma, el gusto vendría entonces del verbo gustar. Y justo era ése mi acicate, quería gustar. Estaba desarrollando mi personalidad con cierta parsimonia. Deseaba ser la más distinguida, elegante, seductora y persuasiva de todas las mujeres de aquel pueblo. Pero erraba una y otra vez en mi propósito porque, en el momento de la actuación, vacilante y tartamuda, veía aquel disfraz ridículo de niña verdina con un hermoso bigote.

(Imagen: John Gutmann)