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sábado, 19 de febrero de 2011

APOCADA CIUDAD

Querido Nacho:

Leo tus firmes palabras
Recuerdos inertes de vacías ausencias
Concentrada en el humo de mis pulmones
Escucho la respiración pausada del lagarto

La clámide de tu angustia gorgotea en altas horas del día
Como un silbido en la nieve
Tu peso se dispersa sobre mis hombros
Dejando una fría brisa que secuestra la música del sueño

Te imagino noctámbulo
Fantasma dorado que reparte flores rojas
Olvido las noches de lívidas emociones
Y me concentro en la empatía estética

Ambos hemos oído hablar del amor que permanece en los labios
Encontrado, frustrado, voraz, siempre sacia el apetito
Y te pido: "sueña dentro de uno de tus lienzos"
Porque son desvelos áureos de tu inocente delirio

(Imagen: Danny Lyon)

miércoles, 29 de diciembre de 2010

BAJO LA ALMOHADA


"Hoy no consigo entenderte" dice Nacho y María calla. "¿Tienes algo que quieras contarme?" insiste Nacho mientras María frunce el ceño, mira al techo y se muerde el labio inferior. ¿De qué querrá hablar María? El tiempo incólume se cuela por el espacio que queda libre entre sus cuerpos.

Cuando María está nerviosa nunca encuentra las palabras adecuadas. De pequeña soportó una leve dislexia y, no pocas veces, la lengua se le queda paralizada, como cosida al paladar y da lugar a un ligero tartamudeo. A Nacho siempre le pareció atractiva esa repetición silábica. Bastante a menudo, mientras hacían el amor, le pedía que balbuceara su nombre. Entonces María no concebía negar a Nacho. Ahora lo esquiva. Sortea sus caricias como a las molestas moscas.

(Imagen: Eve Arnold)

viernes, 17 de diciembre de 2010

NO DISIMULES, MUÑECA


El día que Nacho conoció a María, ambos vestían uniforme. Al sobrio pantalón negro de María se le alegró la mañana al ver la estampada camisa de Nacho. Ella puso un gesto desangelado cuando vió cómo tres tipos extrañamente extraños se habían colado en aquel fortín acordonado. Debió pensar que incluso en las altas esferas se introducen diminutas y traviesas pompas de jabón. En aquella torre dorada, María se sentía protegida e importante y actuaba ante Nacho con cierto sosiego, meciendo suavemente la melodía de las palabras. Nacho sólo pensaba en robar a María, despojarla de su uniforme y borrarle aquellas frases aprendidas.

María quería divertirse con Nacho pero no le cogía las llamadas que prometió hacer e hizo. Deseaba provocar su ira, su cólera, su marasmo. Desesperar al artista hasta el punto que él pensara en María como una persona retorcida e invisible. Pero con lo que no contó esta simple mujer fue con el malestar real de Nacho. El pintor que vivía en las nubes quería una relación local y radical con María. Nada de juegos. Fuera velos y humo.

(Imagen: Lee Friedlander)

jueves, 16 de diciembre de 2010

¡VUELA ALTO PERO SUAVECITO!


Nacho no quiere hacerse mayor y se inventa todas las excusas. Quiere pintar su casa con papeles de regalo pero su madre no le deja. Para convencerla, le ha explicado muchas veces su idea de envoltorio. "Mirá mamá, el mundo está cubierto por una capa de sentimientos, son como las nubes". Ante tanta negativa un buen día simplemente decide que desea volar.

Hoy ha comprado un mapa nuevo de Brasil. Lo ha llenado de alfileres. "¿Dónde volarás mañana?", le pregunta María. Ella lo envidia. O quizás sólo desea que cada tres días regrese. Cuando Nacho está solo se dedica a hacer cosas extrañas pero María no se asusta. Ella avala lo que desconoce. No siquiera parecer una tremenda ignorante. Las palabras esdrújulas le llenan la boca como la espuma.

(Imagen: Erwitt Elliot)

VACÍO DE ESTILO. PROSA HUECA


María se ha despertado tarde, llega tarde al trabajo, desayuna tarde, lava tarde sus dientes. Ahora mira a las palomas desde su oficina. Su jefe ni siquiera nota su distracción. Él hace números. Su empresa hace aguas. María sigue mirando las palomas hasta que suena el teléfono. No contesta. ¿Estará desubicada? El jefe le reprende por dejar escapar una llamada. "¡Serían unos clientes, María!" - le grita, enaltecido. Pobre ignorante. Mientras, María sigue soñando. Tras unos minutos, disimula un trabajo que consiste en abrir sobres, meter cartas, abrir sobres, sacar cartas. Pobre infeliz. María está preocupada pero nunca sabré porqué. Sólo soy el narrador, ni siquiera me conoce. Podría inventarme un papel y pasar a ser entonces "el chico del cuarto piso que pregunta a María cómo se siente". Sería un papel a mi altura.

(Imagen: Rosalind Solomon)