viernes, 7 de mayo de 2010

EL CORTEJO DE LAS ABEJAS


Ayer te esperé durante horas.
Pasaban los minutos a cámara lenta.
Olvidé incluso mi pertenencia.
Entre sueños, ensayaba mi puesta en escena.
Llegaste cuando ya me había rendido.
Al entrar, la oscuridad vestía tu rostro.
Tu cuerpo, como un roble, invadía el jardín.
Levanté la cabeza buscando tus profundos ojos.
Aquéllos que fueron mares hace siglos.
Te hablaba sin coartada.
Sentía un grave impulso en mi seno.
Dibujaba con mi cuerpo rituales de cortejo.
Pero te escapabas; así, sereno, no podía leer tu mente.
Hablamos de lo intrascendente de la vida.
Te daba mis coordenadas equivocadas.
Tú, preguntabas de forma directa.
Yo respondía con evasivas, sin remordimientos.
Decidiste partir.
En la profunda noche imantaba mi deseo.
Después, no hubo faro capaz de iluminar tu mirada.
Te fuiste y quedé cabizbaja.
No conseguí vencer a la lujuria imaginada.
Sola, mantuve la vigilia nocturna.


(Imagen: Willy Ronis)

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