
Descálzate, entra y cuéntame un secreto. Creo que puedes mirarme con tu aire de caballero medieval. Estoy dispuesta a escucharte. Además, pondré lirios blancos sobre un mantel de diminutos cuadros. Podría cocinar para ti. No temas, hoy seré una mosca blanca. No bramaré ningún zumbido. Creo que podría plegar las alas y agachar las antenas. Seré quien quieras que sea pero solo por un día. Si te sientas a mi lado, podrás acariciar mis rodillas. Al principio, verás que mi piel es porosa y quizás, nerviosas, mis piernas impulsan un ligero espasmo. No las culpes, sueñan con tus pulgares desde hace siglos. Eres tan pálido. Creo que podría besar tus mejillas hasta que mi carmín se funda con la escarcha de tus párpados. También puedo enseñarte a guiñar un ojo. Las dos esferas celestes que te adornan no saben nada del enamoramiento. Por cierto, cuando vengan a pedir explicaciones de nuestro amor, diles que nadie cuidaba de ti como yo.
(Imagen: Tina Modotti)
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